Reflexionando

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Hoy la Corte Suprema de los EEUU declara que cualquier ley estatal que prohíbe el matrimonio homosexual es invalida y en contra de la constitución de este país. Sabíamos que este día vendría, pues todas las encuestas parecen indicar que esto es lo que la mayoría de los ciudadanos de esta nación quieren. Decir que no aprobamos de esta decisión es necesario, pues tenemos que mantener claridad en cuanto a lo que creemos. Como cristianos evangélicos, leemos la Biblia y entendemos que la homosexualidad es condenada como pecado desde Genesis hasta Apocalipsis. Punto y aparte. Esto lo hemos enseñado siempre como iglesia, y aquí no hay nada nuevo. La iglesia de Cristo no se rige por las opiniones de los hombres, sino por la Palabra eterna del Señor.

Ahora, que hacer como iglesia ante esta decisión de la corte? Creo que nuestra responsabilidad es decir: la union entre un hombre y una mujer, por vida, es como Dios define el matrimonio. Pero aun mas, creo que tenemos que preocuparnos del estado de la familia cristiana ya establecida. Como estamos viviendo nuestros matrimonios delante Dios y delante de los ojos del mundo? El estado de las familias cristianas y heterosexuales, que en este país siguen siendo la inmensa mayoría, es pésame. Dentro de la iglesia de Cristo existe un promedio de divorcios, igual o aún mayor al de parejas no-creyentes. Esto también es una gran abominación a los ojos del Señor. Vivimos como en los tiempos de los fariseos, que tuvieron el atrevimiento de preguntarle al Señor cínicamente si era lícito divorciar a sus mujeres por cualquier razón. Cuando oigo a cristianos evangélicos hablar del divorcio como si fuera una opción más para resolver problemas matrimoniales, me parte el corazón. Entre nosotros existe todo tipo de inmoralidad, crueldad, adulterio, engañó y traicion, resultando en matrimonios y hogares disfuncionales, y…  ¿ahora le vamos a dar lecciones al mundo en cuanto a lo que Dios quiere en el matrimonio? ¿Con qué autoridad moral? Me parece que tenemos que comenzar con limpiar nuestra propia casa, poner en orden nuestros propios matrimonios, sujetándonos nosotros mismos a la Palabra, y únicamente así podremos modelar el ideal del Señor, y hablar a nuestros hijos, hijas, familiares, vecinos y conciudadanos con amor y convicción.

“Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor… Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amo a la iglesia…” (Efesios 5:22,25)

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Fe
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enero 28, 2018

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