Pagando deudas

Pagando deudas

Hoy, se habla mucho de las deudas. Sea la deuda nacional que se estima que llega a los miles de millones, o sean las deudas personales compuestas de préstamos académicos, residenciales, de auto o tarjetas de crédito, todos podemos entender la presión mental que trae el ser obligado a una deuda. Afortunadamente no vivimos en un país donde uno puede ser encarcelado por no pagar sus deudas. La constitución americana previene que nadie pueda ser encarcelado o tomado como esclavo hasta que se pague una deuda. Pero no siempre ha sido así en todas sociedades. La ley de Moisés en el Antiguo Testamento reconocía la esclavitud por deudas. Uno serviría a su amo, hasta con su familia completa hasta que pagase su deuda o llegará el año de jubilación.

En Europa hasta el final del siglo XIX uno podría ser encarcelado por sus deudas. Y en otras partes del mundo familias podían vender a sus hijos o se entregaban al servicio militar-mercenario para pagar sus deudas. La mayoría murieron mucho antes de poder pagar sus deudas.

Aunque nosotros vemos el ser endeudado a otro como algo malo y que debemos evitar el apóstol Pablo reconocía una obligación la cual de ella no se quería separar. Romanos 1:14-15 nos explica A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios soy deudor. Así que cuanto a mí pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma. El apóstol se dirigía a un pueblo que entendía muy bien lo era la esclavitud. La mayoría de la población en el imperio romano vivía en un estado de esclavitud u otra. Ellos entendían que el esclavo tenía la obligación de obedecer a su amo sin pregunta. Él les habla de que él mismo tenía una obligación de predicarles el evangelio al quien sea. No importa si la persona sea greco-romana, quienes se consideraban los más fuertes o sabios, o que fuesen no griegos, o sea de nivel bajo de la sociedad. Él se consideraba endeudado de traerles el mensaje del evangelio. Porque al leer el versículo 16 entendemos que esta deuda no es algo de avergonzarse. Al contrario, es el poder de Dios para la salvación de los que creen. (NVI).

El apóstol aclara más este tema de la esclavitud en Romanos 6:16-18. Primeramente él explica que antes de fe en Jesucristo todos somos esclavos al pecado. No tenemos derecho ni la capacidad de evitar servirle al pecado. Pero habiendo sido liberados del pecado, ahora son ustedes esclavos de la justicia. (NVI). Ahora la gracia de Dios nos ha entregado una nueva naturaleza que tiene la capacidad de obedecer a Dios de una manera que se parece -sin duda- como una obligación, pero se siente mucho más una devoción.

El apóstol está enfatizando que la obligación de predicar el evangelio se extiende más allá que a los griegos y a los sabios. El evangelio se tiene que hacer llegar a todos quienes lo puedan recibir. Esa obligación esa deuda nos toca a nosotros mismos. Tenemos nosotros la obligación de hacerles llegar el evangelio a todos los que son de nuestros círculos personales y hasta los cuales no consideramos entre los nuestros.

Hay aquel que diría que no tiene la capacidad de predicar o enseñar. Hay otro que diría que está limitado por su edad, su tiempo, su salud, su educación o su pasado. No ve su potencial. El gran pastor presbiteriano Donald Grey Barhouse escribió:

La cruz de Jesucristo nos ha hecho deudores a Cristo, para cumplir sus órdenes y propósitos. Pero también somos deudores a la humanidad. A cada creyente se le ha dado un talento que lo corresponde, no solo a sí mismo, sino a la iglesia verdadera de Cristo. La verdad de Dios es como un diamante grande, que se le ha cortado muchas facetas. Y cada faceta revela muchos niveles de belleza como llamas de fuego en el corazón de esa joya preciosa. Cuando le damos vuelta en una dirección y después en otra dirección la luz ilumina cada faceta. Hasta las facetas más pequeñas revelan diferentes colores gloriosos. Si vamos a entender toda la belleza y verdad en Cristo tenemos que ver las a través de todo cristiano de los siglos y de todo tribu de la humanidad. El gran apóstol, bien conocido en todo el mundo, tiene mucho que revelar. El cristiano más sencillo, el cual no es conocido más allá que en su propio circulo, tiene mucha belleza en sí que revelar.

Todo cristiano tiene una deuda. La deuda no es para alcanzar la salvación. La deuda es tu talento, tu regalo al mundo. Primeramente, tu salvación se te entregó como un regalo personal dado a ti por Dios. Luego ese mismo regalo se convierte en un regalo al mundo entero que, como el apóstol Pablo, estamos obligado de compartir. Al que se creé muy joven, muy viejo, no suficientemente educado o el que viene de un pasado penoso, eres un diamante de Dios. Fuiste salvo para revelar la belleza de Cristo cuando permites que su luz alumbra a través de ti. No tienes que ser un gran predicador, reconocido por todo el mundo. A través de la cruz de Jesús tienes la capacidad de influir en muchos a tu alcance. A través de la cruz de Jesús tienes una deuda de amor por cumplir. A través de la cruz de Jesús pagarás esa deuda amorosamente con el diamante que eres en Él.

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enero 28, 2018

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